Ekim 7, 2021

De la fantasía a la realidad.

ile admin

Anal

De la fantasía a la realidad.
Nuestro invitado llegó temprano a la habitación.
Habíamos acordado que el le daría un masaje erótico a mi mujer.
Resultó un gran conversador, afable, muy correcto. Nos hizo sentir confianza, y creo que la sensación fue mutua.
Estábamos preparados. Tomamos una ducha y estamos ligeros de ropa. Mi mujer trae una bata, y bajo ella, solamente un sostén de licra negro, que hace juego con un short cachetero del mismo color. Uno que deja al descubierto más de lo que cubre.
Pronto pasamos al tema que nos tiene allí reunidos. Nuestro invitado también aligera su vestuario, quedándose solamente en camiseta y bóxer ajustado.
Mi mujer se despoja de la bata, y se dirige a la cama. Se coloca boca abajo. La vista es sensual, muy sensual.
Nuestro invitado se acerca, y comienza a masajear con suavidad los hombros, el cuello, los brazos.
Pronto decide dejar de pretender que hará un masaje en toda regla. Sabe que está ante una oportunidad única. Tiene a su disposición a una mujer ajena y debe aprovechar la situación. Baja por la espalda con suavidad, y llega a lo que sin duda era una meta muy deseada: las nalgas de mi mujer. Las acaricia, primero con suavidad, luego las aprieta un poco, se apoya en ellas y las desplaza ligeramente hacia abajo, luego hacia arriba. Mi mujer me mira y sonríe. Tiene el rostro encendido. Sin duda disfruta el sentir por primera vez unas manos ajenas acariciando sus nalgas.
El short de licra es muy flexible, y nuestro invitado aprovecha para meter sus manos por dentro, y acariciar directamente las nalgas. Mi mujer ni se inmuta. Las ya de por sí atrevidas caricias suben de tono, y ella solamente se deja hacer. Nuestro amigo asume que puede avanzar, y no pierde tiempo. Toma el short por los costados y hace por bajarlos. En respuesta, mi mujer eleva las caderas para facilitar las cosas.
Ese simple gesto de mi mujer me deja en claro que el masaje erótico será mucho más que eso. Y eso me excita mucho.
Nuestro invitado contempla unos momentos las deliciosas nalgas que tiene ahora a su alcance. Las acaricia, las separa, las une. De pronto, se acerca y las besa, con suavidad las separa y hunde el rostro en ellas, llevando por delante la lengua. Empieza a hacer un delicioso anilingus. Lame, da pequeños mordiscos a las nalgas, vuelve a lamer; acaricia, une, separa y vuelve a lamer. Se queda quieto con el rostro hundido mientras sigue acariciando. Levanta el rostro, respira, y vuelve a hundirse en aquellas deliciosas carnosidades. Mi mujer goza el “trabajo” de nuestro invitado. Estira sus manos y acaricia el pelo de nuestro invitado. De pronto, el se incorpora un poco, y pide:
– Separa tus nalgas con tus manos, por favor. Sepáralas y ofréceme lo que he deseado tanto tiempo.
Mi mujer sonríe, y actúa. Se toma las nalgas con las manos y las separa tanto como puede.
– ¿Así está bien? pregunta ella.
– Si, muy bien – responde nuestro invitado acercando nuevamente su lengua al delicioso ano que le ofrecen sin barreras, sin límites, con las nalgas deliciosa y generosamente abiertas.
Yo estoy en el otro extremo de la cama. Atento, excitado. Mirando como nuestro amigo le come el culo a mi mujer. Y como disfruta ella las manos ajenas, la lengua ajena, las caricias ajenas en sus nalgas, en su ano.
Ya no hay vuelta atrás. Nuestro invitado la toma por las caderas, suavemente inicia un movimiento que mi mujer completa girando y quedando boca arriba. No solo se da la vuelta. Por instinto, o por deseo puro ella separa las piernas y las eleva un poco. Está ansiosa y dispuesta. Y yo, ansioso de ver aquello.
Nuestro invitado dirige su rostro hacia la entrepierna. Recorre con la boca el interior de un muslo, y baja suavemente hasta la vulva. Comienza a lamer. Recorre los labios vaginales desde el clítoris hasta la entrada de la vagina, y en dirección contraria. Mi mujer se estremece, acaricia con las manos la cabeza de nuestro invitado mientras el continúa con su dulce tarea. Es claro que disfruta haciendo gozar a mi mujer.
Ella se incorpora un poco, lo atrae hacia sí, y se funden en un apasionado beso. Las lenguas se entrelazan, él lanza la suya y es bien recibida por la boca de mi dama, y a veces es ella quien muestra la suya, y él la recibe igual. La lengua invitada ya estuvo en su ano, en su vulva, en su boca. Un privilegio, sin duda. Pero viene el mayor regalo. Ella suspende un poco los apasionados besos, lo mira y le pide:
– ¡Cógeme! ¡Cógeme ya, por favor!
Me mira buscando una aprobación que sin duda obtendrá.
– Si – le digo. – Ya cógela.
Nuestro invitado se despoja rápidamente de su ropa.
Como experta, mi mujer se acerca al borde de la cama. Coloca una almohada bajo su cadera, para elevarla. Separa las piernas y las eleva un poco. Está lista para entregarse. El momento cumbre, con el que fantaseamos tanto, está por suceder: mi mujer será penetrada por una verga ajena, cogerá con otro, se entregará…
…sin barreras, para sentir plenamente como la verga nueva le recorre la vagina.
…sin barreras, para que nuestro invitado sienta su pene envuelto por la firme y suave humedad de la vagina que está penetrando.
…sin barreras, para que al alcanzar el placer máximo, eyacule dentro de mi mujer, y la llene con su semen, como evidencia de que indudablemente la hizo suya, de que gozó al máximo con ella.
Nuestro invitado acerca su pene a la vulva de mi mujer. La acaricia con su miembro de arriba a abajo. Mi mujer se estremece y lanza un poco sus caderas hacia adelante, con ansiedad. Por fin, el coloca el glande a la entrada de la vagina, y comienza a penetrar. Lo hace con lentitud, con gentileza. Mi mujer empuja su cadera para apurar el movimiento. Termina por meter el pene completo, se queda quieto unos instantes, se asegura de que yo esté observando como tiene a mi mujer completamente penetrada. Ella gime:
– ¡Aaahhh, que rico, que rica verga tiene, que rico la siento! ¡Cógeme, cógeme, hazme tuya!
– ¡Siii, hermosa; eres mía, y no sabes cuánto deseaba esto!
Empieza a moverse, la penetra mientras le sostiene las piernas. Luego se inclina un poco, libera el sujetador y se apodera de los senos, acariciándolos. Se inclina un poco más e introduce un seno a la boca, luego el otro. Lame los pezones mientras sigue penetrando. Mi mujer le atrae el rostro mientras le muestra la lengua. Él se la recibe. Se besan con pasión. Sus gemidos llenan la habitación.
El pene en la vagina, la lengua en la boca, las manos en los senos. Así disfruta de mi mujer. Así la está haciendo suya. Así estamos haciendo realidad nuestra fantasía.
El acelera el ritmo. Mi mujer gime con fuerza, lo toma por los brazos y gime fuertemente mientras se estremece. Me doy cuenta de que está teniendo un poderoso orgasmo.
– ¡Aaaah, cógeme, cógeme, lléname con tu leche, hazme tuya, soy tu puta, soy tu puta! – la escucho decirle.
– ¡Si, eres mía, mía, te estoy cogiendo, te la estoy metiendo, eres mía!
Ella continúa estremeciéndose, se que ha alcanzado un orgasmo más. Nuestro invitado acelera el ritmo y de pronto también comienza a tener el suyo.
– ¡Aaah, toma, toma, toma mi leche, te voy a llenar la pucha!
– ¡Si, lléname toda, toda, quiero en mí todo lo que tu verga me dé!
Él se queda quieto, sobre ella. Apoya su cabeza en el pecho de mi mujer. Ella sonríe. El se levanta un poco. La besa de nuevo. Se pone de pie, y lentamente retira su pene. Se aparta un poco, cuando me acerco. Mi mujer se queda en la misma posición, me muestra su vulva, abierta ligeramente aún, con el semen de nuestro invitado comenzando a salir…
Yo estoy muy excitado, y dudo entre comerle la vulva recién cogida, o penetrarla. Saber que acaba de ser tomada por otro hace que me sienta más caliente que nunca…
Mi mujer se ha entregado a otro, frente a mi.
Nuestra fantasía se hizo realidad.

Continuará…..

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