Ekim 7, 2021

Historia 12 El Profe

ile admin

Babes

Historia 12 El Profe
Tenía poco de haber ingresado a la prepa. El semestre estaba ya avanzado. Para mi fue novedoso absolutamente todo.

Como sea el semestre avanzo y llegaron las evaluaciones finales. En un inicio se nos había informado por la dirección que no habría problema con las calificaciones y que estas no serían bajas ya que era una situación muy especial. Lógico es decir que al final del semestre no fue así.

El asunto más difícil fue con la materia de Literatura, recuerdo aun que pese a mis esfuerzos en el aula no me quedaba claro muchos temas, más el que el profe no llegaba en ocasiones.

Bueno, la situación fue que por cuestión de faltas quede en extraordinario, debía de presentarme para la aplicación del examen supuestamente a la hora de la materia que era a las 9:00. Llegue esa segunda quincena de enero a la escuela, cruce el patio y fui a mi salón, llegue con mi cupón de extraordinario pagado y después de haber repasado los temas, considere que estaba preparada para acreditar la materia al menos con una calificación decente.

Eran las 9:30 y solo estábamos ahí dos chicas que al igual que yo habían reprobado por faltas.

El profe llego cerca de las 10, pasamos al aula y después de recoger los cupones del extra nos pidió salir. El examen sería una por una y de manera oral.

Las dos chicas pasaron primero que yo, ya que su apellido era anterior al mío, vi a cada una salir rápido y con cara de alegría. En menos de 10 minutos ya habían salido y se retiraban.

Llego mi turno y entre confiada al aula. Había estudiado y no había nada por lo cual temer ya que si las chicas anteriores habían pasado la materia y no recordaba haberlas visto en clase a mí por supuesto me iría mejor.

– Cierra la puerta. Ordeno el profesor, obedecí y me acerque sentándome en una butaca frente a su escritorio
– Lista?
– Si, respondí con seguridad, estudie mucho en las vacaciones y creo que puedo acreditar. Me sentía segura y confiada.
– Que confiada, está segura?
– Claro profe, pregúnteme lo que quiera, respondí
– Está bien. Se me quedo mirando un instante. Le pongo un 60 y ya nos vamos?
– No esperaba esa pregunta. Me quede callada, no supe que pensar.
– Si o No? Preguntó
– Después de un pequeño instante dije “No” fue la única palabra que salió de mi boca
– 65 es mi última oferta. Replico
– Claro que no, estudie lo suficiente como para tener una mejor calificación.
– Bueno, respondió, se levantó y tomo un pequeño documento de tres hojas, este es el examen. Contéstelo y vemos.
Me acomode en la butaca y empecé a leer, puse mi nombre, mi código de estudiante y empecé a leer, las primeras 10 preguntas estaban sencillas, de ahí las cosas se tornaron difíciles, al dar la vuelta para seguir en la hoja 2 el profe comento.

– Sabes que la calificación máxima en extraordinario es 80 verdad, eso quiere decir que te sacas todas bien tendrás esa calificación,
No supe que responder, solo recuerdo que voltee hacia la puerta donde él estaba. Lo mire con odio, el creía que no podría pasar el examen.

– Creo que no sabías. Dijo mientras se acercaba y su mirada sostenida en la mía dibujaba un destello de gusto. Se paró justo frente a mí, al filo de la butaca. Me miro desde lo alto. Tendrías que sacar como 25 bien para que pases con 6. Sonrió y dio la vuelta regresando a la puerta del aula.
Las ideas se me agolparon, de pronto todo el mundo de calificaciones se vino a mi mente, trate de sacar cuentas, pero a la vez no podía dejar de leer las preguntas, me di cuenta que de esa segunda hoja muchas no las sabia, levante la hoja y mire la tercera. Encontré una, la respondí, leí otra más y no la sabia. Empecé a buscar desesperada preguntas que pudiera responder.

Mientras lo hacía no dejaba de sacar cuentas.
– Son las 11:00, dijo con voz clara. Ya paso una hora así que me debes entregar el examen.
– Cinco minutos, dije desesperada, solo cinco minutos profe.
– Lo siento la regla es que es de una hora y te di una hora, dijo mientras caminaba hacia mí. Extendió su mano, entrégamelo para calificarlo de una vez.
Me sentí derrotada. Mis vacaciones, mi esfuerzo, mi estudio, todo se había ido por el caño. Me faltaban más de 7 preguntas.
– Ándele profe, ayúdeme, le dije mientras lo miraba.
– Entrégame el examen, dijo mientras me miraba y sonreía, vemos cuantas están bien y ya veo que hago contigo, de acuerdo?
– Está bien respondí rápido, me daba una esperanza, después de todo no era tan descabellado saber cómo iba hasta ese momento.
Entregue el examen y se sentó en su escritorio a calificarlo.
– Ven a aquí a mi lado, no quiero que vayas a decir que no te califique bien.
Me levante rápido y me puse a un lado de su escritorio. Estaba de pie. Como había pensado todas las preguntas de la primer hoja estaban bien, al dar vuelta y ver la segunda, noto que estaban unas no contestadas, levanto la hoja y vio la tercera.
– Te faltaron siete
– Si, fue toda mi respuesta
Termino de calificar y estaba decepcionada, ni aun sacando bien esas siete pasaría la materia. Me sentí triste.
– Bueno, ves que no pasas.
– Yo le juro que estudie mucho profe, de veras, deme otra oportunidad no le quedo mal. Dije con voz entrecortada.
– No es para tanto, solo tienes que venir en la tarde el siguiente semestre a repetir la materia y ya.
– Ándele profe, pregúnteme otra cosa, va a ver que si estudie. Quiero pasar su materia.
– Bueno, hace rato le dije que una vez que lo calificara, vería que haría contigo y dijiste que estabas de acuerdo
– Si así es, usted dígame que quiere que haga
Me miró fijamente a los ojos. En su rostro apareció una sonrisa suave, ligera, distinta. Se levantó despacio de su silla apoyándose en el escritorio. Su sonrisa era ahora turbia y maliciosa. Una sensación de miedo, nervio, desconcierto se apodero de mí. Sentí una oleada de viento frio al momento en que escuche que cerró la puerta del salón. Escuche sus pasos venir a donde yo estaba.
– Dicen que la mamas muy rico, es cierto?
– Que? Respondí, no tenía novio y mi relación con los compañeros del grupo era apenas de buenos días y adiós. Quien dijo eso, ni novio tengo.
– Eso se dice, así que quiero que comprobarlo. Dijo quedándose ahí parado frente a mí al filo de la butaca. Así que puedes empezar. Nadie va a venir así que no hay quien nos interrumpa.
Lo mire. Sonreía. Lógico es que ya había yo mamado en muchas ocasiones, pero nunca a algún profe, me intrigaba el hecho de quien había lanzado el comentario ese.
– Anda, quero sentir como tu boca de mamadora se traga mi verga hasta los huevos.
– Está bien, pero primero quiero saber quién dijo eso
– Te lo diré cuando acabes, cuando te tragues todo lo que te voy a echar.
Mis manos fueron a su bragueta y baje el cierre del pantalón, sentí su pene semierecto. Metí una mano y note que traía bóxer, así que desabotone uno de los botones y se verga quedo en estado semierecto frente a mí. La mire, estaba bonita, a pesar de que el profe era moreno su pene no era completamente oscuro, era de un color café y pude notar que una gotita de lubricante salía de su orificio, su cabeza estaba apenas cubierta por su piel, me acerque un poco y sentí el olor. Fresco, agradable.
– Te vas a quedar admirándola o qué?
No respondí, acerque mi rostro y mi lengua rozo su cabeza quitándole la gota brillosa que, dibujo un fino hilo cuando se retiraba de su glande.
Sentí su sabor. Agradable, no era muy salado, apenas suave. Note que su erección crecía. Abrí mi boca y la metí toda en ella. Mi lengua empezó a juguetearla y sentía en mi boca como crecía y se ponía dura. A medida que su erección era firme dejaba que saliera un poco hasta dejar que solo su cabeza quedara en mi boca rodeada por mis labios. Mi lengua acariciaba su glande de forma circular hacia un lado y hacia el otro.
– Que legua tan traviesa tienes. Chúpala y los huevos también.
– No alcanzo, Dije soltando su verga de mi boca, la butaca no me deja.
– Ven. Respondió
Me hizo sentar en su silla y se recargo en el escritorio quedando semisentado en el. Desabrocho su saco. No deje que tocara su fajo. Lo tome con mis manos y lo desabroche, también los pantalones y junto con su bóxer los baje quedando hasta media pierna, casi a la altura de sus rodillas. Me miraba excitado. Su verga estaba dura y sus huevos se veían hinchados, llenos de leche.
Me acerque dándole suaves lamidas a su cabeza sin meterla en mi boca. De lado recorrí su verga con mi lengua hasta llegar a sus huevos. Mi lengua los sobo suave, primero uno, después otro. Deje que su verga se posara en mi cara mientras mi lengua jugueteaba con sus huevos.
Abrí la boca y chupe uno, despacio, suave, escuche su gemido. Fui por el otro. Primero lo acaricie con la lengua y la misma me sirvió para meterlo en mi boca. Lo chupe un poco más fuerte que el anterior. Escuche como gimió y como su cuerpo se encorvo un poco. Recorrí con mi lengua desde sus huevos hasta la punta de su verga por la parte de abajo.
Abrí de nuevo la boca y deje que su verga se perdiera en ella, Metí lo más que pude, con una mano acaricie sus huevos mientras mi cabeza empezaba a moverse hacia atrás y delante de forma suave, lenta, dejando sentir cada parte de su verga. Le metí de nuevo hasta donde pude. Su cabeza tocaba mi garganta, supe que ya no entraría más. Mis labios, mis mejillas la rodeaban chupándola, mi mano me indico que tres dedos faltaban para comérmela toda.
Sentía que su cuerpo se tensaba, lo escuchaba gemir, respirar profundo. A diferencia de otros no tomaba mi cabeza, ni mi cabello, dejaba que yo hiciera todo. No daba ni orden ni sugerencia. Sus manos permanecían sujetando el escritorio.
Mi cabeza subía y bajaba por su verga. La metí toda de nuevo y con dos dedos tome la parte que quedaba afuera de mi boca masturbándolo mientras la chupaba y acariciaba con mi lengua. Mi boca estaba llena de la mezcla de saliva con su líquido transparente. La saque despacio y me trague esa mezcla que tenía en la boca.
– Sí que te gusta la verga
– Siempre, desde que estaba chiquita. Respondí
– Y con esa boca de mamadora que tienes, el gusto lo transformas en placer.
Abrí de nuevo la boca jugueteando mi lengua en su cabeza al tiempo que mis labios apenas rozaban la misma. Aquello le provoco más placer aun.
La metí en mi boca de lado, su cabeza choco con la parte interior de mi mejilla levantándola. Mi cabeza se movía ahora de lado mientras con mi mano apretaba sus huevos. Gimió de nuevo y note que respiro profundo.
– Sí que la chupas rico, vas a ser bien puta cuando te cases. Se la vas a andar mamando hasta a los amigos de tu marido.
No respondí. Solo me moví un poco para que su verga entrara de frente en mi boca. Empecé a subir y bajar, mi mano su unió a mi boca masturbando la parte que no alcanzaba a entrar. Mi otra mano apretaba y soltaba sus huevos. Acelere el movimiento.
– Te los voy a echar todos. Escuche su voz agitada. Su respiración subió de intensidad.
Prendí mis labios en su cabeza y mi lengua acaricio la parte baja de ella de un lado hacia otro, Mi mano fue más rápida. En un instante exploto. Su gemido se fundió con sus espasmos. Su contracción era coronado por un chorro de leche caliente que chocaba con mi lengua que no paraba de moverse y mi mano seguía su labor subiendo y bajando hasta que un sueva gemido se escuchó de su garganta y su pene perdía fuerza en mi boca.
Mi mano dejo de moverse rápido y empezó a dar movimientos suaves, mientras mi boca lo soltaba. Salió por completo de mi boca. Estaba perdiendo rápidamente la erección. Mi mano aun lo sostenía y mi boca guardaba en su interior una mezcla se saliva y semen.
– Sí que mama rico. Dijo mientras me miraba. Trágatelos.
Mi garganta dio paso a esa mezcla de sabor un tanto dulce. No eran amarguitos como otros que había probado.
– Ya. Respondí
Sonrió de nuevo. Se levantó del escritorio y subió sus pantalones acomodándose la ropa.
– Sí que eres buena mamando. Te gusta de veras la verga en la boca.
– Si
– Dices que desde chiquita te gusta?
– Si, respondí. Note que mi respiración recuperaba su ritmo. La verdad me había excitado aquello.
– Bueno, dijo mientras terminaba de acomodar sus cosas.
– Dijo que iba a ser muy puta cuando me casara, porque?
– No sé, tengo esa impresión así como tuve la de que mamabas muy rico. Algunos dicen que es de familia eso.
– Quizá si, respondí. Me miro y sonrió. Me dijo que me diría quien dijo eso de mí. Comente.
– Ah es cierto. De tu grupo sé que todos lo dicen. Algunos profes también, la verdad es que a muchos profes se les antoja tu boca. Bueno aquí está tu cupón ya con tu calificación. Dijo dejándolo sobre el escritorio mientras tomaba su carpeta.
– Gracias. Respondí al momento en que lo tomaba y veía que me había puesto la calificación máxima de extraordinario.
– De nada, después te busco para que te la tragues de nuevo y me platiques de tu herencia.
Salió del salón sin mirar atrás